jueves, 8 de septiembre de 2011

LA CATA DE VINOS EN EL ROTARY CLUB

Parker tras levantarse de su silla, comenzó a pasear de izquierda a derecha del paraninfo, para decir –permitan que use la siguiente analogía: si Almodóvar es a Carmen Maura como Diane Keaton es a Woody Allen, del mismo modo, podemos penetrar en el alma de una zona vinícola o de un país entero, llenando una copa de vino y tratando de penetrar en su alma. Esta labor, me ha ocupado la mayor parte de mi vida y por ello, debo agradecer al vino, haber viajado casi por todo el mundo, para explicar a otros que no han tenido tanta suerte, que vista, olfato y gusto cuando se alían, mis compañeros usan el vocablo maridan que no me gusta demasiado, consiguen desentrañar la mayoría de los misterios.

 Un cerrado aplauso del casi lleno auditorio coronó la conferencia del catador y también, despertó a Ripley que medio dormitaba en la última fila. Posteriormente, el Chairman del Rotary Club de Beirut, imponía la insignia de oro al laureado catador conferenciante. Unas cuatro horas antes, Lamarmar debería haber acabado de aterrizar con Ryan Air en Hannover, para desde hace un par de horas, estar ya volando con Lufhansa, dirección al aeropuerto internacional Rafic Hariri, gracias a las malas artes que su cómplice Ripley había utilizado con Robert McDowell Parker, al ser conocedor de su manifiesta xenofobia con los musulmanes y alentando, su querencia a las damas de sin demasiados escrúpulos. Entre ambos, habían contestado al anuncio que el americano había publicado en The New York Times, solicitando compañía con refinados gustos y amplios conocimientos de idiomas. Ripley miró su reloj y sonrió. Ahora pasarían al lobby para que se sirviese el cóctel en honor de Parker. Oportunamente, ya había colocado en el cinturón de éste un micrófono que estaba conectado a su PDA. Al parecer, un par de intentos por parte de una sospechosa pareja de ancianos, habían intentado hablarle sobre los riquísimos caldos israelíes.

EL CORREO DE RIPLEY

Ripley recibe en su correo una nota de Theudis que dice algo así como: te necesitamos tío, trae todo el equipo y a unas malas, incluso te pagaremos el Ave. Este detalle lo desarmó, tan tierno. Maldijo, abrió la nevera y sacó una botella de vodka Becherovka a la que dio un gran trago. 


La posibilidad de volver a participar en una cacería policial le estaba devolviendo su autoestima. Se sentó en su sillón favorito y único, pero tuvo que levantarse, al clavársele un dromedario de plástico de su nieto. Coño –dijo Ripley- lo que pinchas siendo tan chico.
Llaman a su teléfono pero no lo atiende. Los detectives de Equipo de Los Cabalistas son muy duros, una sola idea persiste en su cabeza. Theudis lo conoce bien. Ripley piensa que esta oportunidad posiblemente sea la última para entrar en el exclusivo equipo. Harto de llevarlos en su taxi de un lado para otro sin que nunca consiga intervenir en los casos.

TITULARES





Hacía tiempo que a su mujer le venía preocupando su estado de salud. No es que ocasionalmente no le sorprendiese con cosas raras, pero lo que ahora veía era nuevo. Su marido le contestaba en titulares de periódico y algo así no lo había visto nunca.


 Le llamó para la cena y Ripley le respondió: Los pacientes exigen a Sanidad que garantice la atención a desplazados. Qué mal estás cariño, no deberías leer tantos periódicos. http://www.elpais.com/articulo/espana/alcaldes/piden/tiempo/Hacienda/hacer/cuentas/elpepinac/20110901elpepinac_12/Tes/ Preocupante -dijo Jane, muy preocupante.

TAXI A MADRID, SPAIN

Peggy S. Stewart todavía recordaba al chico pelirrojo que tras comprarle una lata de Dr. Pepper y palomitas, la acomodó en los asientos traseros del Ford Pinto de su madre durante una sesión en el cine de coches. Se llamaba Joe. Desde entonces, cada vez que ve un Ford sonríe maliciosamente y además, ese mismo chaval, es culpable de haber tenido que abandonar el instituto de Sausalito. 

Meses después tuvo a su hija Deirdre. A Peggy nunca le interesaron los vinos pero de algo tenía que vivir, así que un buen día se puso su blusa escotada y la falda planchada más corta que tenía su hermana y se presentó en la oficina de Robert McDowell Parker, Jr. Le pareció ridículo que este tipo ganase tanto dinero viajando por el mundo y luego valorando sus catas.

 En este momento volvían Mr. Parker y ella de un pueblo de Orense, llamado Valdeorras, en el taxi inglés de un tipo muy peculiar apodado Mr. Ripley El Patrón que le miraba las piernas por el espejo retrovisor, mientras ajeno, su jefe dormitaba camino de Madrid. Recordó nuevamente al chico pelirrojo y abrió suavemente las piernas.

PROPAGANDA

El recepcionista quiere que le entregues el pasaporte para realizar la inscripción en el hotel –le dijo Ripley a Peggy. Ella los miró a ambos y negó con la cabeza. Ripley enarcó las cejas y se dirigió al joven, que estaba tras el mostrador, para indicarle que no todos los americanos eran así de tontos. Mira Peggy y atenuó su voz para tranquilizarla, el joven necesita tu pasaporte para cumplimentar el registro de entrada. Conozco el país y es muy tranquilo, ya quisiéramos en América vivir con el sosiego que esta gente tiene, pero eso no la convenció. Decidió entonces pasar al ataque. No pasa nada –se volvió para el chaval, tú tranquilo. Son tontos pero al menos traen dinero, así que le sacaré una manta y que duerma en mi taxi. ¿En el taxi va a dormir la señora? Pero si tiene una reserva que hizo un tal, déjeme ver, ah sí, pues fue ella misma y yo la atendí, llamaba desde Orense. Así son las cosas –sonreía El patrón- cuando mañana se levante y le duelan todos los huesos quizás aprenda. ¿Pero qué le ocurre? -Pues muy sencillo chaval que vio la película El expreso de medianoche y cree que cuando te entregue su pasaporte, será raptada y la llevarán a un cárcel inmunda. Pero –la mano del taxista se levantó e interrumpió al recepcionista, -no podemos cambiar en un momento lo que la propaganda ha tardado muchos años en labrar en su cabeza.

Mr. PARKER EN EL RITZ

El catador tras comprobar que el Ritz de Madrid podía compararse con cualquier hotelito decente de Manhattan, eligió su pantalón a grandes cuadros, se decidió por el elástico que solía usar cuando jugaba a golf. Lo descolgó y se lo puso, consideró que un toque casual le vendría bien cuando entrase en el comedor a cenar. Cuando Peggy lo vio aparecer bajo el dintel del lobby, no pudo más que escudarse tras la voluminosa carta del menú ni ocultar una sonrisa. Este hombre no aprenderá nunca –se dijo-, en Idaho nadie se atrevería a ponerse traje y no cubrirse con una gorrita. El americano, muy lentamente, trató de ubicarse en aquel grandioso salón, reconoció haber minusvalorado el establecimiento hotelero. Y en ello, fue a fijarse en una bella mujer que bebía un Dry Campari, vestida de blanco y recostada sobre el mostrador. El camarero parecía conocerla bien. Seguro que es ella –dijo Robert Mc Parker, Jr. Y hacia ella dirigió sus pasos. La abordó abruptamente: Oye tú ¿eres la chica que envía la compañía? Lamarmar se volvió muy lentamente sin dejar de sonreír al camarero y asintió bajando los ojos. De dónde habrá salido este fantoche. Su traje dejaba entrever buenas tetas que ella no trataba de ocultar en ningún momento, al fin y al cabo eran el mejor escaparate de su negocio.
Dedicado a Lamarmar

DESTINO BEIRUT

Tras darse a conocer, el catador de vinos volvió sobre sus pasos, no sin mirar antes a Peggy y asentir con la cabeza. La chica del mostrador le siguió a pesar que él no le había indicado nada. El camarero le dirigió una tierna sonrisa y también le dijo –Nos vemos luego Lamar. Ella se llevaba su copa de Dry Campari en la mano izquierda, mientras, con desgana, recogía su bolso negro del mostrador. En él llevaba, un paquete arrugado de More con algunos cigarrillos dentro, un pintalabios rojo, dos tampones, preservativos y lubricante, un cepillo para el pelo, gorrito de ducha, chicles de canela, las llaves de su apartamento, un encendedor Zippo, pañuelos desechables, su carné de conducir con unos 40 dólares, un perfumador de Opium y su revolver Smith & Wesson 625 con algunas balas sueltas. En su negocio consideraba fundamental sentirse protegida y además, el vendedor le había asegurado que si efectuaba un disparo a menos de 3 yardas de distancia, aunque le temblase el pulso su oponente no volvería a atacarla, para ello le había vendido munición explosiva. Ripley se fiaba poco de Peggy pero mucho menos del americano, por ello seguía recostado sobre su taxi inglés a la puerta del Ritz, tratando de esquivar como podía a los guardias municipales de Madrid, que de vez en cuando pasaban por allí tratando de impedir que se estacionasen en la puerta. Pocos podían pensar que había vuelto a la acción.

Se sospechaba que Robert Mc Parker era un espía del Mosad y su misión era acompañarlo sin ser descubierto. Washington ya no pretendía enterrar a más héroes sino exclusivamente información. Dentro su contacto estaba realizando el oficio que tan bien conocía. Lamar tras ventilarse al americano sin mayor trámite, entró en el cuarto de baño, duchó y arregló el pelo y perfumó muy suavemente. En cierto momento, había deslizado la mano en la chaqueta de su cliente y leído que su próximo destino era Beirut, esa información le proporcionaría 300€.