viernes, 6 de octubre de 2017

CULEBRA BASTARDA


Hace 14 años no distinguía una higuera de una retama, mientras que ahora cuando paseo voy mirando las copas de los árboles desde la acera y recito: olivo, membrillo, mandarino, naranjo, limonero, araucaria, almendro, ciruelo, ficus, granado y así de uno en uno. Del mismo modo, entre la fauna no pasaba de animales grandes y pequeños, entre los últimos estaban las ranas y los escarabajos, las cañaillas y los muergos. Cuando me comía un membrillo no sabía que se trataba de una cydonia oblonga y cuando en otoño las granadas señoreaban los huertos y los patios, que las púnica granate están a punto de comerse.
Cuando salgo al jardín voy descubriendo sin saberlo todo un mundo que ha permanecido oculto para mi durante demasiado tiempo. ¿Quién me iba a decir que al encontrarme con una culebra bastarda de casi dos metros no iba a salir gritando despavorido? Pues no lo hice así, entré con mucho cuidado busqué mi cámara y la fotografié, no era la primera vez que ella nos visitaba, alerté a los perros que no se molesta a la hermana culebra porque cumple también un papel fundamental en nuestro ecosistema, los perros lo comprendieron perfectamente.
¿Por qué será que nos cuesta tanto a los humanos?

martes, 3 de octubre de 2017

MICRORRELATO VIII


Como se sentía sobrado compró lamparas solares por internet. Cuando el mensajero tocó el timbre le entregó un sobre acolchado con sobresello, comprobó el albarán por si traía sobreprecio, no era así, se tranquilizó y firmó. Lo abrió y descubrió sobradamente las piezas, buscó un taladro y marcó en la pared, no se olvidó de colocar abajo un sobre y apretó el gatillo para trabajar sobreseguro, perforó y puso un taco. En ésas se sobresaltó cuando su mujer lo llamó sobreexcitada. Aprovechó la ocasión sobradamente.

lunes, 2 de octubre de 2017

SOLDADITOS DE PLOMO

Cuando miro estos soldaditos de plomo mi memoria pega un triple salto mortal hacia atrás (como la mejor trapecista), para recordar una experiencia única que vivimos en Fuengirola hace algo más de 20 años. Llegamos para saludar a una pareja de profesores y volar, al día siguiente desde Málaga a Melilla con destino final en Nador, Uxda, Orán y Fez. Nos recibió ella -espléndida como siempre-, los ojos le brillaban, estaba exultante y nos invitó a unas copas por la ciudad tras dejar el equipaje en el recibidor. Ya tarde, cuando volvimos y abrió la puerta, nos encontramos que todo el piso estaba ocupado por batallas de soldaditos de plomo, todo, bueno, eso no es verdad, quedaba un mínimo espacio entre la mesita de café y el televisor Sony, donde tenían un cartón grande con cochecitos fabricados por ellos y jugaban lanzando los dados, para dormir, habían preparado un artilugio que elevaba un tablero con una batalla hasta el techo, permitiendo dormir en la cama de invitados. No dábamos crédito a lo que entonces vimos y todavía hoy al recordarlo debo hacer un esfuerzo para narrarlo. Sí, comprendo perfectamente a Julio Malo, el poder de atracción que ejercen los soldaditos de plomo sobre los humanos es tal, que puede compararse a la saudade de los portugueses no conoce límites.

jueves, 28 de septiembre de 2017

MEMORIA SELECTIVA

La memoria es selectiva y contra todo pronóstico, recordamos no como ocurrieron las cosas sino de manera que las sentimos y nos afectaron, así los acontecimientos supuestamente trascendentales, se nos muestran por las anécdotas o por aspectos que a otros resultan intrascendentes.
Recién cumplidos los 26 años, me veo subido a un tren dirección Barcelona, sentado en uno de los asientos de eskay situado a la derecha de uno de sus vagones, cuando vuelvo la cabeza y miro por la ventana, discurren frente a mis ojos un mar de olivos interminable, sonreía y el paisaje me evocaba los versos de Machado: Campo, campo, campo. Y entre los olivos, los cortijos blancos. Sonreía, comprobando que el poeta había realizado la mejor fotografía que de Jaén pueda hacerse. Es posible que la intentara el gran Kappa, pero como la del poeta sevillano ninguna. Sonreía y no tenía motivos, en el asiento del otro lado del pasillo, dos amados ancianos me miraban con la expresión de mayor preocupación que nunca les viera.
Recuerdo la única y brevísima pelea que ocurrió en nuestro kiosko cuando era un niño. Llegaron dos personas –mi madre, desde el ventanuco de la cocina, tras mirarlos me mostró su desagrado-, hacía mucho calor ese día y puede que fuese un domingo a media tarde. La mayoría de los clientes se estaban bañando. A pesar del calor sofocante pidieron copas de vino, se las serví, del más fresco que tenía. Parece que se nos esperaban beber algo tan bueno y agradable, creo que uno de ellos sonrió y comentó algo, pidieron otra ronda. Venían impecablemente vestidos y entraron por nuestra izquierda, ni por la carretera trasera ni tampoco por la orilla, llegaron atravesando aquel desierto de arena ardiente, calentado implacablemente por el sol durante semanas y eso sí era muy extraño. Esto último es una deducción actual porque no aparece en mi recuerdo. Cuando el fresco de los esterones y cañizos, sumado al muy suave y magnífico buquet del Pálido I de Bodegas Cuvillo, y quizás también, al relajado ambiente y limpieza de nuestro local se relajaron, uno de ellos me dijo que venían de la Fiscalía de Consumo de Sevilla. En casa se hablaba habitualmente de tal Fiscalía que nos obligaba a realizar tareas ridículas casi siempre y en alguna ocasión incluso estrafalarias, como tener agua corriente en la playa de La Puntilla, cuando en ésta no existía tal servicio ni tampoco electricidad, pero la picaresca supera la mayoría de los contratiempos y un conocido de mi padre -que era fontanero muy simpático-, le instaló un depósito de uralita en el techo de una de las casetas traseras de la cantina y, taladró un boquete en uno de los tableros, del depósito conectó un tubo de plástico –por entonces tales tubos se usaban muy poco- a un grifo de bronce que apareció por arte de birlibirloque en mi mostrador. Todos nos quedamos boquiabiertos, luego se fue hacia atrás llenó el depósito con varias garrafas de una arroba de agua y, del grifo salía agua corriente. El fontanero que no paraba de reírse, decía: -Pedro, ya tienes agua corriente. Mi padre no sabía si aplaudirle o enfadarse con él. Pero ambos se apreciaban mucho y el amigo convenció a mi padre. Pero volvamos a los dos de la Fiscalía de Sevilla, cuando ya se habían bebido varias copas, me pidieron que les mostrase la botella de las que estaban bebiendo y yo lo hice. Me preguntaron la marca y también se lo dije. Insistían en esto y lo otro, estaban sorprendidos porque cada vez que les servía les ponía copas limpias y retiraba las usadas para fregarlas concienzudamente con el agua de mi grifo de bronce. No daban crédito, teníamos agua corriente. Como por este detalle al parecer no podían multarnos, los inspectores –que además eran unos borrachines- buscaron otra infracción. Me preguntaron por los vinos que servía y yo que era un niño de unos 10 años, mis hermanos hacían la mili, uno en el Minador Marte (Marín o donde se halle), y el otro en el Instituto Hidrográfico de Cádiz, por cierto, ese fin de semana estaba de franco de ría con nosotros, aunque en ese momento no se encontraba en el kiosko o al menos yo no lo veía. Que si las etiquetas, que si las precintas, que si las facturas, que si os vamos a meter un puro… Fue entonces, ocurrió en ese preciso momento, del paramento de cañizos situado a la izquierda de la cantina, donde teníamos las casetas número 1 y 2 asomó mi hermano mayor Manolo como una sombra, exactamente como en las películas de género negro y sin mediar palabra, le propinó rápidos golpes en la cara hasta abatirlos al suelo. Me quedé paralizado, no podía creerme lo visto. Aquellos hombres impecablemente vestidos, de mediana edad sangrando por las narices, balbuceando e incapaces de poder levantarse y mi hermano, en bañador de pie mirándolos muy fijamente. Uno de ellos creo que dijo que aquello no iba a terminar así, suficiente para que mi hermano nuevamente lo levantara por la camisa y le propinase otro puñetazo para añadir, -Procure usted que esto se quede aquí y no tenga que seguir, no los quiero ver por aquí más molestando a mi hermano chico y a mi madre, ya se pueden ir ustedes al carajo. En ese momento, mi madre salió de la cocina con paños húmedos y les lavó la cara para pararle la sangre que de alguna ceja o labio podía verse. Mi madre, que era lista como una duquesa, les dijo: -Mejor váyanse cuanto antes porque a este hijo mío no puedo controlarlo y no se olviden, que el daño se lo han hecho cuando se han caído borrachos. Ellos entendieron y como pudieron se fueron marchando. Yo permanecía dentro del mostrador como si estuviese en el patio de butacas del Teatro Principal de mi pueblo, pero ahí no acabó la cosa. Mi hermano los llamó y les dijo si no se olvidaban de algo mirándolos muy seriamente, así que uno de ellos se me acercó al mostrador y preguntó cuánto se debía, se lo dije y pagó. Mi hermano volvió a insistir: -Deje propina que los niños no cobran.
Lo dicho, la memoria es selectiva

lunes, 28 de agosto de 2017

lunes, 21 de agosto de 2017

LAS EXCÉNTRICAS DIETAS DEL DOCTOR PÉREZ


La mujer del médico se estaba preocupando al comprobar que los pacientes de su marido iban aumentando peligrosamente. Cada vez era mayor el número de ellos que llamaban por teléfono y la agenda era incapaz de atender a tantos y tantos casos.
Preocupada también por la actitud que mostraba en la consulta, ella era psicólogo clínico y enfermera diplomada, mantenía con satisfacción un estricto control de las historias clínicas, las mismas que custodiaba celosamente, porque éstas únicamente pueden consultarse con carácter profesional y deben mantenerse alejadas de ojos curiosos y cotillas. Tamborileaba con los dedos sobre su impoluta mesa de despacho y miraba de vez en cuando por el monitor para comprobar si todo estaba bien en la sala de espera. Dentro, en el despacho de su marido, éste atendía a una señora que rondaba la cuarentena, muy arreglada y de buen aspecto, consultaba para ver si el famoso médico conseguía reducirle un incipiente vientre que la tenía a maltraer porque era muy coqueta.
El doctor tras leer detenidamente la analítica de la paciente, la miró, se quitó las gafas y se dirigió a ella.
-Señora compruebo que sus constantes vitales son normales y como me comenta que ya visita casi a diario el gimnasio, no se me ocurre otra cosa mejor que prescribirle la dieta del lenguado. Como sabrá los lenguados son peces planos de aguas templadas que pertenecen a la familia de soleidos, orden pleuronectiformes. Precisamente el ser planos es lo que buscamos, lo puede cocinar de muchas maneras y es carne de sabor exquisito aunque algo caro respecto a otros. Estoy seguro que cuando vuelva a mi consulta dentro de 3 meses se habrá corregido con seguridad ese abultamiento de su vientre que tanto la preocupa ¿le parece bien?
-No sabe uste lo que le agradezco que haya considerado mi caso doctor, soy de esas mujeres que necesito gustar a la gente y que cuido escrupulosamente mi aspecto físico, por mi profesión de agente de relaciones públicas, debo mantenerme en el mejor estado posible.
-No se preocupe que la dieta le sentará de maravilla. Sale la paciente y su esposa hace pasar al siguiente. Se trata un joven en su treintena, muy atractivo pero paticorto.
-Bueno doctor, he venido porque me he enterado que es posible que por su mediación y sabios consejos consiga resolver la longitud de mis piernas.
-Desde que nos llamó he estudiado su caso y es posible que consigamos devolverle algo de altura en sus extremidades inferiores.
El paciente estaba encantado, sus ojos se llenaron de lágrimas y balbuceando se dirigió al doctor.
-¿Qué debo hacer?
-Tras consultar su caso el único remedio que encuentro es la dieta de la garza.
-¿La dieta de la garza dice usted?
-Sí, consumir ardeidas que son son una familia de aves pelecaniformes, del orden Ciconiiformes. Al ser aves zancudas, y algunas especies llegan a medir hasta 85 cm de alto. Se alimentan de peces, crustáceos y pequeños anfibios, y tienen como hábitat las zonas pantanosas o cercanas a los lagos de todo el mundo. Su carne si se aliña convenientemente le irá modificando su estructura ósea y sus huesos se alargarán. El único inconveniente está en que estas aves tienen un alto nivel de protección debido a esa plaga llamada Ecologista en Acción, pero si se traslada usted a los humedales africanos, cuando vuelva no medirá menos de 200 centímetros.
-¿Doscientos centímetros?
-Así es.
-Le prometo que sólo comeré garza durante 3 ó 4 años de eso me encargo yo. Se levantó pasó por el ante despacho donde estaba la enfermera y pagó la minuta del doctor que era una cantidad nada despreciable.
El teléfono no cesaba de sonar, la mujer del médico debía interrumpir sus terapias continuamente y anotar nuevas citas para su esposo. En cierto modo sentía celos, ya que aunque no le faltaba clientela, la de su marido era desproporcionadamente grande comparada con la suya, así que durante el almuerzo se lo espetó sin miramientos.
-Mira Paco, no vayas a pensar que no me alegro de tu éxito como médico por muy excéntricos que sean tus tratamientos, lo cierto y verdadero, es que tus pacientes progresan así como tu fama, pero sinceramente te deberás ocupar de recoger los recados porque mis pacientes se incomodan con tantas interrupciones. ¿Te parece si contratamos a una auxiliar de enfermería que se encargue de estos aspectos?
-Pues no me parece mal Carmela. Llamaré a una de esas nuevas empresas llamadas E.T.T.
-¿Eteté y eso qué es?
-Son empresas de trabajo temporal, se contratan los servicios que uno quiera y ellas se encargan de todo, son todo eficiencia, algunos las llaman la octava maravilla del capitalismo. Tienes como empresario a trabajadores que te obedecen ciegamente, cuando en realidad los tiene contratados otros, si hacen algo mal no se tiene necesidad de preocuparte, llamas a la central y ellos se encargan de todo, si enferman ellos los despiden, si son mujeres y se quedan embarazadas también lo hacen, obtienes sus plusvalías pero no te comprometes respecto a ellos en nada.
-Lo que no invente el neoliberalismo Paco. Dijo Carmela, su mujer. -Qué cosas. Decidido encárgate.
Carmela decidió citar a los paciente a horas concretas y así mantener vacía la sala de espera, éstos entraban por una puerta y salían por otra, ninguno de ellos se veía. De pronto una llamada a su teléfono móvil le sorprendió. El número que la emitía aparecía como oculto. No la respondió. Volvieron a insistir y tampoco lo hizo y así durante una hora. Carmela estaba atendiendo a un hombre que consultaba por tener fobia a los patitos de las casetas de ferias...
-¿Cree que mi fobia es muy rara?
-¿La fobia a los gatitos?
-Sí.
-Pues mire, aunque le parezca inverosímil, ya está documentada esta pulsión negativa en tratados y documentos del Dr. Frëud. -Mintió la psicólogo, que ya lo hacía con toda rotundidad, visto el éxito que su marido estaba obteniendo prescribiendo los remedios más extravagantes y sin haber sido probados ni documentados en los anales de la Medicina.
-¡Qué me dice usted! Respondió el paciente sorprendido. Nada menos que Frëud.
-Hágame caso. Supongo que tendrá ordenador. -El paciente asintió con la cabeza. Bien, hagas búsquedas constantes de casetas de feria en internet e imprima todas las páginas sobre este apasionante asunto, una vez las tenga, las agrupará y en la Thermomix, vuelca un litro de agua de Vichy, sobre ella irá vertiendo las páginas y le da al programa largo. Al resultado le añadirá 6 tomates de pera bien duritos, un pimiento verde y un diente de ajo y 4 cucharadas de aceite de oliva. Lo pone en la nevera y se lo va tomando de cuando en cuando.
-¿Que muela las páginas impresas de internet en la Thermomix con el gazpacho?
-Efectivamente es usted muy inteligente, lo ha cazado a la primera, hágame caso. El paciente de Carmela se levantó sorprendido, pagó la minuta a la auxiliar y ésta solícita le mostró el camino hacia la calle.
Las cosas no podían ir mejor, el boca a boca se propagó primero por la ciudad y luego por el país. En ese momento llamaron a la puerta y apareció una mensajera con un sobre dirigido al Dr. Pérez. Tras abrirlo, descubrió que se trataba de una consulta urgente de Penélope Cruz que pedía ser vista con toda premura, ya que sus llamadas no eran nunca respondidas. Aceptó. Al día siguiente P estaba sentada frente al Doctor Pérez. Monísima y con esa sonrisa a la que Hollywood se ha rendido perdidamente.
-¿Qué puedo hacer por usted? Me sorprende su visita porque es precisamente icono en el que las mujeres se miran y se ha convertido en objeto de deseo de la mayoría de los hombres. Es usted perfecta, si me lo permite decir.
-Efectivamente, pero soy bajita y morena, lo de bajita no me preocupa pero me gustaría ser rubia natural y eclipsar a Marylin Monroe. ¿No tiene nada que pueda tomarme para conseguirlo sin esos engorrosos tintes?
-Se me ocurre la dieta del ajoblanco.
-¿La dieta del ajoblanco consiste en tomar mucho de esta exquisita sopa tan española y tan nuestra, a las que añadirá muchos nabos -no sabe usted lo bueno que son los nabos-, sobre todo sin están duros y turgentes...
-Algo me imagino. -Dijo P sonriendo.
-Cebollas blancas, rábanos pelados, huevos duros sin yema, en fin todo tipo de alimento blanco que le irá cambiando naturalmente el color de su pelo. También todas las revistas Ajoblanco que pueda encontrar y paquetes de folios, blancos por supuesto del Carrefour, todo eso a la Thermomix.
Penélope Cruz no podía contenerse de la risa. Menos mal que la voz de Almodóvar dijo corten en ese preciso momento.

viernes, 18 de agosto de 2017

LAS GAFAS DE RIHANNA


Raro es el día que no me llaman o abordan a la entrada o salida del centro de Salud o el hipermercado, preguntándome si no voy a resolver los males del mundo por la módica cantidad de 12 euros al mes.
En ocasiones me indican que los niños malviven y pasan calamidades ya sea aquí o en remotas tierras, allí donde las organizaciones modifican la realidad: Comisariado de las Naciones Lejanas; Paz Verde; El Osito; Galenos sin fronteras; Ningún niño sin su camiseta de Messi; Practicantes sin fronteras; Las niñas de San Damián; Mecánicos dentales sin fronteras; Productivos y Receptivos; Carpinteros sin frontera; Ninguna niña sin las gafas de Rihanna; Fruteros sin fronteras; Caridad y bondad... y muchos otros. 
Me dicen que en cierta ocasión participé en esto o en lo otro, pero lo que más me sorprende es que todos, digo todos, me piden una subscripción mensual de 12 euros, para resolver el problema concreto en que tales organizaciones se emplean. No quieren más ni menos, me pide exactamente 12 euros.
Estoy en paz conmigo mismo y con la humanidad toda porque con mis doce euros -exactamente 12 euros-, resuelvo toda la esclavitud infantil, toda la malnutrición, la educación, limpio todos los mares de plásticos y lavadoras viejas, ya todos los niños son Messi y ni una sola niña carece de las gafas de Rihanna.
Uno se siente alegre cuando pone el pie en la calle sabiendo que ha contribuido al bienestar de la humanidad. Por cierto, ¿habéis contribuido vosotros? Si no es así, sabed que el mundo va mal por vuestra culpa.